Hacía ya algún tiempo que no me pasaba, al menos con tanta urgencia. Ver mi nombre en una lista. En principio no tiene nada de particular: una lista de correo, el listín telefónico, la lista de notas de algún examen de la facultad... Pero ocurre alguna vez que el estar o no en una lista, es cuestión casi de vida o muerte.

Hoy he estado con Luar de compras. Como un día en el parque de atracciones.
Es harto curioso ir de compras con ella porque entra en tiendas extrañas y extravagante de esas donde yo nunca entraría y enseguida se coniverte en el centro de todo, pregunta, toca, se prueba, y ... compra.
Como dice ella es la bomba. Es ingenua pero inteligente, es realista pero soñadora, es frívola pero sensible, exclusiva pero mundana, loca pero cerebral... podría decir incluso que pija y punki a la vez, aunque esto no sé si le haría mucha gracia... en fin, una de aquellas muestras que te hacen pensar que un mundo diferente es posible, y casi siempre lleva una bonita chaqueta de bondad que solo se quita cuando se siente muy agobiada. Se le atribuyen algunos eventos de vital importancia en la vida actual. Por ejemplo asegura que fue de las primeras en comprar y llevar bolsos de la Puka (gran evento social), cuando en uno de sus viajes por el estranjero se trajo uno de Londres, cuando aquí todavía no había.
Durante el tragín las conversaciones puede que sean triviales y superficiales,
realmente hablar con ella muchas veces tiene pequeños lapsus de vacios intermitentes, pero no se sabe muy bien como, las cosas son después diferentes, algunas frases sencillas retumban (más bien campanillean) con nuevos significados, y el mundo así de repente cambia de color,
quizás más rosa fosforito, como su monedero de topos blancos.
Yo a veces creo que hace magia.
Las gentes valemos por lo que somos y por lo que sabemos. Y cada vez menos por lo que somos y más por lo que sabemos. Triste.
Yo de pequeño tenía cierta habilidad para caerme, o cierta torpeza para mantenerme derecho, el fútbol, las bicicletas, correr por la vera de la piscina... en fin que no era un niño con un estilo de caida fijo. Después de las caidas, el inevitable susto, algunas risas algunas veces, y la tradicional riña. Pero lo peor de una caida, no es cuando se produce, ni cuando al levantarte debes justificar lo ocurrido con una mirada, lo peor es cuando hay que curar las heridas. Y ahí siempre aparecía el odioso alcohol. En mi casa por lo menos el alcohol tenía el monopolio de las curas, mucho mejor considerado que el agua oxigenada, que quedaba para percances de segunda. 'Ahora te va a doler... pero tu sopla y ya verás...' ya verás ¿que? que a parte de dolerme, casi me asfixio... pero siempre quedaba el consuelo, 'si te curas ahora, te duele sólo un ratito, pero la herida cicatrizará sin más problemas y en menos tiempo'. Luego una mancha de mercromina, con la todos hemos jugado a hacernos heridas inexistentes, y una tirita, si la gravedad la hacía necesaria.
Pero ahora las cosas son diferentes... de más mayor las caidas pasan a batacazos, de heridas invisibles pero mucho más dolorosas, y ahora el alcohol sólo sirve para calmar el dolor inicial, y para, a diferencia de antes, alargar aún más su cicatrización.
Empecé llegando tarde a los sitios. Primero eran unos minutos, luego ya más. En los retrasos perdí autobuses y trenes y gentes, y pasé largas esperas en la calle viendo pasar coches, perros que pasean a personas, viejos desarropados , niños sin ilusión y mendigos. Eso no me desagrada. Pero luego llegaba tarde a algunos sitios importantes: el trabajo, la visita del médico... en fin. Pero después vino lo peor, llegaba tarde a la comprensión, a las despedidas y a los reencuentros, tardaba demasiado en irme de algunos sitios y de llegar a otros. Llegué tarde al perdón, a los te quiero por primavera, a los abrazos sentidos, a los bautizos y a casa a la hora de dormir. He perdido tantas cosas por llegar tarde que creo que un día de estos acabaré por comprarme un horrible reloj de tiempo.
Hoy he ido a ver a mi amigo Rubén. He visto por el camino un coche viejo. Los coches a difencia de los hombres, cuando se hacen viejos despiertan gran espectación. Hemos paseado por la playa, y nos hemos tomado un batido, yo de fresa, él de trufa y kike de chocolate. Hemos hablado de hacer una ruta con canoas, y han pasado las horas. Yo le he llevado queso en una nevera azul de mano. El queso no era normal, era uno que hay que por dentro tiene crema. Estoy un poco cansado y a la vuelta pillo caravana.


í‰rase una vez, un lugar donde todos sus habitantes obedecían a unos pequeños insectos. Lo cierto era que cada persona tenía una pequeña caja de cartón donde vivía su insecto. Este disponía y proponía aquello que tenía que hacer la persona que tenía a su cargo: como se debía comportar, que cosas hacer y cuales no, de que debían trabajar, la ropa que se tenían que poner . . . era como una pequeña voz inaudible pero inteligible, y lo curioso es que todo el mundo hacía caso sumiso a lo que decía su insecto en cuestión. Cuando algo le ocurría al insecto, la persona en cuestión iba de inmediato a un pequeño edificio donde se les entregaba uno nuevo.
Lo curioso de la historia es que nadie en aquel pais era consciente de la existencia de aquellos insectos, que por otra parte, alguien llamó CONSCIENCIA.
PD. A mi también me dan miedo estas cosas.
Ya sé que estamos en verano, pero lleva unos pocos de días que llueve. Te despiertas por la mañana con esa sensación de escalofrios tan estraña. Me acuerdo de una canción de Serrat: 'llueve, detrás de los cristales llueve y llueve...' y me pongo triste.
Existe un poder que no conoce de distancias, que actúa en cualquier momento y situación, siempre estamos indefensos ante él. Ejerce un control sobre nuestros sentidos perturbándolos, anula nuestra voluntad y en general modifica sensiblemente nuestra consciencia. Nos provoca comportamientos insanos e indignos, y nos succiona en espirales sin camino de retorno. Controla nuestros recuerdos y se aprovecha de ellos para conseguir de nosotros lo que se quiera. Si alguien controlara este poder, controlaría el mundo. No es el dinero, y en la mayoría de los casos la gente acaba viviendo conforme y feliz.
Salir de madrugada, con el sol por el horizonte... la cabeza en esos momentos se tambalea. Es como si en las ultimas horas o los ultimos meses hubieran pasado millones de cosas, y todas estuvieran a la vez presentes. Un mapa, una carretera, un coche y mucho camino por recorrer.
