Esta mañana nos mandaban una postal... no se como te llamas todavía pero pronto estarás con nosotros...
Juan y Laura se conocieron. Se conocieron y se gustaron, de esas cosas que ocurren un poco sin saber como, y que en poco tiempo se convierte en una de esas relaciones que parecen de toda la vida. Se les veía felices. Laura era ciega y Juan la verdad es que se desvivía por intentar hacerle las cosas más fáciles, buscaba siempre su sonrisa en la boca de Laura, y solo se sentía feliz cuando la veía feliz a ella. Aunque ella tenía un perro que siempre la acompañaba, y un finísimo bastón blanco que solo utilizaba para las escaleras, Juan siempre andaba a su lado. No la dejaba sola ni un momento, era como su ángel de la guarda, a veces parecía que era él el que tenía miedo a quedarse solo en mitad de la calle, o en mitad de la noche. Juan y Laura vivieron muchos años juntos, decidieron un día pasar todo el tiempo de que disponían juntos y así lo hicieron. Su historia es sin duda una de las más bonitas y emocionantes que se puedan explicar, una vida del uno por el otro, un amor mucho más allá de la mayoría de amores que conocemos. Pero hubo una cosa que Juan nunca le contó a Laura, que él también era ciego.
En la vida uno acaba aprendiendo a tomar decisiones. Esto no es cosa fácil, tomar decisiones por uno mismo, es algo costoso y que nos llena de dudas, de ese tipo de dudas que cuesta de superar. Lo dramático de todo esto es que a pesar de pensar las cosas, de intentar buscar todos los puntos de vista, de no invadir el espacio ni la razón de los demás, incluso cuando uno supera todas sus dudas y cree hacer lo correcto existe un problema todavía más perverso.
Este es cuando, después de todo, uno acaba sintiendo una profunda y angustiosa pena. Eso me hace pensar en la diferencia entre lo bueno y lo justo. Sólo espero que el tiempo se apiade de mi y acuda pronto a curar las heridas, unas heridas abiertas y sangrantes, sobre las que alguien, no se sabe muy bien porqué, se empecina en recubrirlas con sal.
Hay veces que todo parece estar podrido. Eso en principio me inquieta y me hace estar incómodo, me dan ganas de escapar y no sé como. El mundo se divide entre los que piensan que el resto son imbéciles, y los que lo son. De pequeño la diferencia entre verdad y mentira era sencilla, jugando a fútbol en el pasillo de casa rompes un maravilloso jarrón, tu madre: - ¿lo has roto tú jugando a fútbol, verdad? - hay dos respuestas sí y no, la primera es verdad, y la segunda mentira, si decía la primera sabía que había dicho la verdad, y si decía la segunda sabía que era una mentira, y eso... y eso ahora no está tan claro, y eso no me gusta.
Ayer fue un día horrible. Se acabaron las vacaciones, y eso siempre es dramático. Además había hecho eso tan desaconsejable que es hacer de tu hora de levantarte, pues tu hora de acostarse, y claro el martes no había manera de dormir, y a la hora de quedar definitivamente dormido... riiiiiiiiiiiiiing el puto despertador... IMPOSIBLE... no puede ser, con el sueño que tengo no puedo ir a trabajar... pero y tanto que era posible. Ayer por eso me fui a dormir temprano, y es que nadie escarmienta en cabeza ajena.
Hoy he ido a trabajar... creo que no tengo humor de arreglar la web... mejor lo dejo pa mañana...
Lo peor de todo esto, es que debería estar haciendo otras cosas. . . . ..