De pequeños somos raros. Raros porque hacemos rarezas, cosas extrañas, sin sentido, tenemos costumbre curiosas y nos acostumbramos a curiosidades que momentáneamente nos hacen diferentes a los demás. Pero ser un niño raro, no parece ser buen negocio, regañinas, reprimendas, e incluso a veces bofetadas y castigos. La mayoría de ellos reniegan de sus pequeños 'yo' inmersos en sus extrañezas y siguen el buen camino, se tornan normales, superan su infancia, se centran, ... o que se yo cuantos y cuantos eufemismos estúpidos. Las rarezas se tornan como una lacra a erradicar severamente. Pero algunos de ellos son rebeldes, y se convierten en compañias incomodas para los padres e incluso a veces para los amigos, son compañías no deseadas, y durante un tiempo pasan a una tierra de nadie, algunos desaparecen, otros viven agazapados, al acecho, y algunos, los más listos, llegan a convivir con la gente normal. Cuando son adultos, o algo así, sus rarezas se convierten en pequeños fetiches que causan la admiración de quienes les rodea. Les hacen interesantes, independientes, y en definitiva diferentes a lo demás. Todos quieren imitar sus rarezas, para sentirse mejor, un poco mas libre y mas 'ellos'. Imitar digo, porque ellos un dia perdieron las suyas.
Posted by Yo at Noviembre 4, 2004 11:46 PM