
í‰rase una vez, un lugar donde todos sus habitantes obedecían a unos pequeños insectos. Lo cierto era que cada persona tenía una pequeña caja de cartón donde vivía su insecto. Este disponía y proponía aquello que tenía que hacer la persona que tenía a su cargo: como se debía comportar, que cosas hacer y cuales no, de que debían trabajar, la ropa que se tenían que poner . . . era como una pequeña voz inaudible pero inteligible, y lo curioso es que todo el mundo hacía caso sumiso a lo que decía su insecto en cuestión. Cuando algo le ocurría al insecto, la persona en cuestión iba de inmediato a un pequeño edificio donde se les entregaba uno nuevo.
Lo curioso de la historia es que nadie en aquel pais era consciente de la existencia de aquellos insectos, que por otra parte, alguien llamó CONSCIENCIA.
PD. A mi también me dan miedo estas cosas.