Juan y Laura se conocieron. Se conocieron y se gustaron, de esas cosas que ocurren un poco sin saber como, y que en poco tiempo se convierte en una de esas relaciones que parecen de toda la vida. Se les veía felices. Laura era ciega y Juan la verdad es que se desvivía por intentar hacerle las cosas más fáciles, buscaba siempre su sonrisa en la boca de Laura, y solo se sentía feliz cuando la veía feliz a ella. Aunque ella tenía un perro que siempre la acompañaba, y un finísimo bastón blanco que solo utilizaba para las escaleras, Juan siempre andaba a su lado. No la dejaba sola ni un momento, era como su ángel de la guarda, a veces parecía que era él el que tenía miedo a quedarse solo en mitad de la calle, o en mitad de la noche. Juan y Laura vivieron muchos años juntos, decidieron un día pasar todo el tiempo de que disponían juntos y así lo hicieron. Su historia es sin duda una de las más bonitas y emocionantes que se puedan explicar, una vida del uno por el otro, un amor mucho más allá de la mayoría de amores que conocemos. Pero hubo una cosa que Juan nunca le contó a Laura, que él también era ciego.
Posted by Yo at Abril 20, 2004 10:04 AM