En la vida uno acaba aprendiendo a tomar decisiones. Esto no es cosa fácil, tomar decisiones por uno mismo, es algo costoso y que nos llena de dudas, de ese tipo de dudas que cuesta de superar. Lo dramático de todo esto es que a pesar de pensar las cosas, de intentar buscar todos los puntos de vista, de no invadir el espacio ni la razón de los demás, incluso cuando uno supera todas sus dudas y cree hacer lo correcto existe un problema todavía más perverso.
Este es cuando, después de todo, uno acaba sintiendo una profunda y angustiosa pena. Eso me hace pensar en la diferencia entre lo bueno y lo justo. Sólo espero que el tiempo se apiade de mi y acuda pronto a curar las heridas, unas heridas abiertas y sangrantes, sobre las que alguien, no se sabe muy bien porqué, se empecina en recubrirlas con sal.